Para leer si te apetece: no hace falta aprenderlo
El francés: un retrato breve
De dónde viene el francés, por qué se escribe más de lo que se pronuncia, dónde se habla hoy y qué sorprende a quien habla español.
- Familia
- Indoeuropea, rama románica
- Escritura
- Alfabeto latino con acentos y cedilla: é, è, ê, à, ç
- Lengua oficial en
- Francia, Bélgica, Suiza, Canadá, Luxemburgo, Mónaco y unos treinta países en total
- Dónde más se usa
- Hoy la mayoría de quienes lo hablan a diario vive en África
- Academia
- La Academia Francesa, fundada en 1635
- Lenguas hermanas
- Español, italiano, portugués, catalán, rumano
De dónde viene
El francés nació, como el español, del latín que hablaban los soldados, colonos y comerciantes romanos. Julio César conquistó la Galia en el siglo I antes de Cristo, y en pocos siglos el latín desplazó casi por completo a la lengua celta de los galos, que dejó pocas palabras, casi todas del mundo rural.
Lo que hace distinto al francés es lo que vino después. En los siglos V y VI los francos, un pueblo germánico, se hicieron con el poder en la Galia. Hablaban otra lengua, pero acabaron adoptando el latín del lugar, y le dejaron su nombre, France, muchas palabras como jardin o guerre y, probablemente, parte de su manera de pronunciar.
La historia en pocas etapas
Uno de los textos más antiguos en una lengua ya claramente distinta del latín son los Juramentos de Estrasburgo, del año 842. Siguió el francés antiguo de los cantares de gesta, como la «Canción de Roldán», y de las novelas de caballería, que se leían en media Europa.
En 1539 el rey Francisco I ordenó en Villers-Cotterêts que los documentos de justicia y administración se redactaran en francés y no en latín. En 1635 el cardenal Richelieu fundó la Academia Francesa para cuidar la lengua, y en los siglos XVII y XVIII el francés fue la lengua de la diplomacia y de las cortes europeas.
Con la Revolución y, sobre todo, con la escuela obligatoria del siglo XIX, el francés estándar se impuso en toda Francia por encima de las otras lenguas del país, como el bretón, el occitano o el alsaciano, que desde entonces han perdido muchos hablantes.
Dónde se habla hoy y cómo varía
Además de Francia, el francés es lengua oficial en Bélgica, Suiza, Luxemburgo y Mónaco, en Canadá, sobre todo en Quebec, en Haití y en muchos países de África occidental y central, como Senegal, Costa de Marfil, Camerún o la República Democrática del Congo. Es en África donde más crece.
Cada región tiene sus rasgos. En Bélgica y en Suiza se dice septante y nonante en lugar de soixante-dix y quatre-vingt-dix. En Quebec el acento es muy reconocible y hay palabras propias: ir de compras es magasiner, y de allí viene courriel, el correo electrónico, que luego adoptó también Francia.
En África, el francés convive con las lenguas locales y toma de ellas palabras y giros. Ninguna de estas variedades es peor que la de París: son el mismo idioma con otra música.
La escritura
La ortografía francesa es conservadora: guarda letras que hace siglos que no se pronuncian. En ils parlent las tres últimas letras no suenan, y parle, parles y parlent se dicen exactamente igual. Leer en voz alta exige aprender qué letras callan.
Los acentos se generalizaron con la imprenta, a partir del siglo XVI. El circunflejo es un regalo para quien habla español, porque a menudo señala una s que se perdió: fête es «fiesta», hôpital «hospital», île «isla» y forêt «floresta», el bosque.
La cedilla, por su parte, tiene origen hispánico: se usaba en la escritura medieval de la península, y los impresores franceses del siglo XVI la adoptaron para marcar que la c suena como s delante de a, o y u, como en ça o garçon.
Palabras de ida y vuelta
Durante siglos el francés fue la lengua de moda en Europa, y el español se llenó de galicismos: «chef», «menú», «hotel», «garaje», «bulevar», «chófer», «carné» o «bricolaje». También «jardín» llegó por el francés.
En la otra dirección, el francés tomó del español camarade, de «camarada», sieste, moustique, de «mosquito», y vanille, de «vainilla», además de chocolat y tomate, que llegaron del náhuatl a través del español.
Hoy el francés recibe palabras del inglés, como le week-end o le parking, aunque las instituciones proponen alternativas propias y en Quebec se aplican con más empeño.
Lo que sorprende a quien habla español
Los sonidos nuevos. El francés tiene vocales nasales, que se oyen en vin, blanc y bon, y una u que se pronuncia con los labios redondeados como para decir «u» mientras se dice «i»: tu, rue. La r se forma al fondo de la garganta.
El sujeto no se puede omitir. Como tantas formas del verbo suenan igual, el pronombre es lo que dice quién hace qué: «hablo» es je parle. Y la negación tiene dos partes, ne … pas, aunque en la conversación el ne suele desaparecer.
Del setenta al noventa y nueve, los números se construyen con el veinte: soixante-dix es «sesenta y diez» y quatre-vingts, «cuatro veintes». A cambio, quien habla español entiende por escrito una cantidad sorprendente de francés desde el primer día.