Ir al contenido
EveryLingua
ES

Para leer si te apetece: no hace falta aprenderlo

El italiano: un retrato breve

De dónde viene el italiano, cómo el toscano de Dante se hizo lengua común, dónde se habla hoy y qué sorprende a quien habla español.

Familia
Indoeuropea, rama románica
Escritura
Alfabeto latino; j, k, w, x e y solo en palabras extranjeras
Lengua oficial en
Italia, San Marino, Suiza y la Ciudad del Vaticano
Base del estándar
El florentino literario, el de Dante
Lenguas hermanas
Español, francés, portugués, catalán, rumano
Rasgo sonoro
Las consonantes dobles se oyen: pala y palla

De dónde viene

El italiano desciende del latín hablado en la península itálica, la cuna de Roma. Cuando el Imperio se deshizo, Italia quedó repartida durante siglos entre reinos, ducados, repúblicas y dominios extranjeros, y en cada región el latín evolucionó a su manera.

Así nacieron el napolitano, el siciliano, el véneto, el milanés y muchas otras hablas, tan distintas entre sí que muchos lingüistas las consideran lenguas hermanas del italiano más que simples variantes suyas. El italiano estándar es una de ellas que tuvo suerte: la de Florencia.

La historia en pocas etapas

En el siglo XIII ya se escribía poesía en lengua vulgar en la corte siciliana del emperador Federico II. Pero el paso decisivo lo dieron tres florentinos del siglo XIV: Dante, con la «Divina comedia», Petrarca y Boccaccio. Su prestigio hizo del florentino el modelo de la lengua escrita en toda la península.

En el siglo XVI Pietro Bembo propuso imitar precisamente a Petrarca y Boccaccio, y en 1583 se fundó en Florencia la Accademia della Crusca, que en 1612 publicó un gran diccionario de la lengua. Durante siglos, sin embargo, el italiano fue sobre todo una lengua escrita y culta.

Cuando Italia se unificó, en 1861, solo una pequeña minoría lo hablaba en la vida diaria; los demás hablaban el dialecto de su región. La escuela, el servicio militar, las migraciones internas y, sobre todo, la radio y la televisión del siglo XX lo convirtieron en la lengua de todos los italianos.

Dónde se habla hoy y cómo varía

El italiano es lengua oficial en Italia, San Marino y la Ciudad del Vaticano, y una de las cuatro lenguas nacionales de Suiza, donde se habla en el cantón del Tesino y en parte de los Grisones. También tiene presencia en Istria, en Eslovenia y Croacia.

La emigración lo llevó muy lejos: a Argentina, Uruguay, Brasil, Estados Unidos, Australia o Alemania. En el Río de la Plata dejó huella en la entonación y en palabras como «laburo», de lavoro, o «chau», de ciao.

Dentro de Italia, el acento revela enseguida de dónde es alguien, y el vocabulario cotidiano cambia de una región a otra. Muchos italianos son bilingües: hablan italiano y el dialecto de su tierra, que en el sur y en el Véneto sigue muy vivo.

La escritura

El italiano se escribe casi como se pronuncia, igual que el español. El alfabeto propio tiene veintiuna letras; la j, la k, la w, la x y la y solo aparecen en palabras de otras lenguas.

Hay que acostumbrarse a algunas combinaciones. La c y la g son suaves delante de e e i, como en cena o gelato, y para endurecerlas se añade una h: che, chi, ghiaccio. Es justo al revés que en español, donde la h es muda y la u hace ese trabajo en «que» y «guiso». Gn suena como nuestra ñ, en bagno, y gli como la ll de quien todavía la distingue de la y, en figlio.

La tilde solo se escribe cuando el acento cae en la última vocal: città, perché, caffè. Y las consonantes dobles no son adorno: se pronuncian más largas y distinguen palabras, como nono, noveno, y nonno, abuelo.

Palabras de ida y vuelta

En el Renacimiento Italia marcaba el gusto de Europa, y el español tomó del italiano palabras del arte, la música, la guerra y el dinero: «soneto», «novela», «fachada», «balcón», «ópera», «piano», «centinela», «soldado», «banca» o «bancarrota». Luego vinieron las de la mesa: «espagueti», «pizza», «capuchino».

Durante los siglos XVI y XVII buena parte de Italia, como Nápoles, Sicilia o Milán, estuvo bajo la corona española, y el italiano se quedó con palabras como disinvolto, de «desenvuelto», o vigliacco, de «bellaco». También cioccolato llegó por el español.

Hoy el italiano acoge con naturalidad palabras inglesas, como il computer o il weekend, y las usa sin cambiarles la forma.

Lo que sorprende a quien habla español

El parecido es tan grande que se entiende mucho desde el primer día, y justo por eso engañan los falsos amigos: burromantequillacaldocalorsaliresubirsubitoenseguida

El plural no se forma con s, sino cambiando la vocal final: il libro y i libri, la casa y le case. Y el artículo depende del sonido con que empieza la palabra: il treno, pero lo studente y l’amico.

El tratamiento de cortesía es Lei, «ella», con el verbo en tercera persona, se hable con un hombre o con una mujer. Y el pasado cambia con la geografía: en el norte se cuenta casi todo con ho fatto, mientras que en el sur se oye mucho más feci.